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Nuevos "Impuestos" Para Personas Que Comen Poco Saludable

 
Por: NCSF  fecha:  Jan 31 2012
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Con las tasas de obesidad y los costos de salud creciendo fuera de control entre los países ricos en todo el mundo, muchas agencias gubernamentales están intentando implementar nuevas medidas para compensar estos costos y empujar a los consumidores a que reconsideren la selección de alimentos no saludables. En un artículo recientemente publicado en Health Affairs (2012) los investigadores de Columbia University Medical Center y la Universidad de California, San Francisco sugirieron crear un impuesto a las bebidas azucaradas lo cual podría hacerle muy bien al país. Los hallazgos de los investigadores sugieren, basados en la base de datos de NHANES 2003-2006 y encuesta dietética, que un impuesto de un centavo por onza podría reducir la diabetes, ahorrar 100.000 en eventos cardíacos y accidentes cerebrovasculares, y reducir la muerte prematura. Estas predicciones provienen del hecho de que los estadounidenses consumen aproximadamente 13 mil millones de galones / año de bebidas azucaradas. Eso equivale a unos 42 galones por estadounidense o 5.376 oz. A 3 gramos de azúcar por onza, el estadounidense promedia 16.128 gramos de azúcar / año (64.512 calorías/18 libras de grasa). Este es un problema obvio.

"Si bien hay cierta incertidumbre en cuanto a lo que la gente elegiría en lugar de las bebidas que tendrían impuestos, nuestra conclusión conservadora es que el impuesto de un centavo por onza podría reducir el consumo en un 15%", dijo Y. Claire Wang, MD, ScD , profesor asistente de Política y Gestión en la Escuela Mailman de la Universidad de Columbia de Salud Pública.

Según los investigadores, aunque las bebidas azucaradas son de bajo costo, el ahorro cuesta muchísimo. De hecho, los investigadores sugieren que la ingesta de bebidas azucaradas cueste a los EE.UU. $ 174 mil millones de dólares por año en costos de tratamiento de la diabetes y $ 147 millones de dólares en otros problemas de salud relacionados con la obesidad. EL problema no es solamente el aumento de peso; los investigadores dicen que el aumento de peso es sólo un factor en el cual contribuyen las bebidas azucaradas a la diabetes y enfermedades del corazón. Quienes se oponen al impuesto sugieren que selectivamente se meten con los pobres y desfavorecidos. Pero lamentablemente, esta población representa a los más gordos en Estados Unidos.

Estas propuestas de impuestos puede ser nueva en los Estados Unidos, pero Europa ha estado implementándola de forma más agresiva. Por ejemplo, Hungría ha implementado recientemente la ley más completa de su tipo hasta la fecha, imponiendo impuestos especiales sobre los alimentos con alto contenido en grasas, sal y azúcar. La estrategia no es la primera de este tipo (aunque la más inclusiva), ya que muchos otros países europeos la han puesto en marcha y consideran distintas políticas para combatir la obesidad. Por ejemplo, Dinamarca es uno de varios países europeos que (gravado???) los refrescos, y ha establecido un impuesto sobre los dulces hace casi 90 años. Este país fue también el primero en prohibir totalmente el uso de grasas trans, junto a Austria y Suiza. Dinamarca también planea cobrar un impuesto a los alimentos con alto contenido de grasas saturadas. El primer ministro finlandés Jyrki Katainen dio a entender que estas políticas han puesto en marcha un efecto dominó entre muchos otros países europeos, como se ha visto con la nueva ley implementada en Hungría.

La política más reciente implementada en septiembre de 2011 obligará a los húngaros a pagar 10 florines (0,04 dólares) de impuesto sobre los alimentos con alto contenido en grasas, azúcar y sal, al igual que un aumento en los aranceles sobre los refrescos y alcohol. El gobierno húngaro sostiene fuertemente que cuando se tiene en cuenta el hecho de que una dieta alta en los ingredientes mencionados anteriormente conduce a la obesidad y las enfermedades más importantes, el razonamiento lógico deja claro que aquellos que consumen estos productos también deben pagar una prima para compensar la carga financiera que se pone en la sociedad para hacer frente a los problemas de salud, por eso, la expresión de "impuesto a la grasa". Los ingresos esperados anualmente de € 70 millones ($ 89 millones) se destinaran a gastos de servicios de salud estatales y hacer frente a la tasa de obesidad de 18,8% - 3 puntos porcentuales más que la Unión Europea (UE) que tiene en promedio 15,5% (de acuerdo con un informe publicado en el 2010 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Para proporcionar una perspectiva relativa, Alemania tiene una tasa de obesidad del 13,6%, y Rumania, en la parte inferior de la lista, tiene una tasa de obesidad del 7,9%. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, ha declarado que "Aquellos que viven de manera no saludable tienen que contribuir más." Especialmente, aquellos cuyas dietas los llevan a terminar en hospitales deben ayudar a pagar la factura. Esto es particularmente relevante en Hungría, que tiene un déficit de en el sistema de salud de € 370 millones (US $ 472 millones).

Carolyn Banfalvi, co-fundador del Taste Hungría, explica que la cultura de consumo en Hungría contribuye en gran medida a la elevada prevalencia de la obesidad. Al parecer, los húngaros con frecuencia consumen postres y alimentos en general que se clasifican como "muy grasos" - con ingredientes de cocina tradicional, incluyendo carne de cerdo y grasa de oca. "Lo que ellos llaman tocino aquí es a menudo trozos de manteca pura", explica. Una vainilla con cinco capas de crema de mantequilla y postre de chocolate con una capa superior de caramelo glaseado conocido como el pastel de dobostorta es considerada la indulgencia más conocida de Hungría, y se puede encontrar en casi cualquier cafetería o panadería que llenan las calles de Budapest.

Existen grandes problemas similares a los presentados en Rumania, donde los impuestos serán una carga innecesaria en las clases económicas más bajas. Los húngaros ya gastan el 17% de sus ingresos en alimentos, y pagan un impuesto adicional del 25% en la mayoría de los productos alimenticios y bebidas que consumen; siendo así una de las más altas tasas de impuestos en la UE. La principal crítica de la nueva política fiscal rodea al hecho de que los más pobres del país consumen las mayores cantidades de los alimentos procesados que serán grabados. "La situación económica aquí es realmente muy mala. Mucha gente no tiene dinero extra para gastar en cualquier cosa ", dijo Banfalvi ". La vida aquí no es barata si eres un húngaro de clase media ganando un salario promedio". De acuerdo con Lisa McCooey, director de comunicaciones de Food Drink Europe, los productos sujetos a impuestos incluyen (pero no son exclusivamente limitados a):

  • Refrescos y bebidas energéticas con adición de azúcar y cafeína
  • Productos dulces pre-envasados
  • Snacks salados y condimentos altos en sal
  • Mezclas para sopas, mezclas de salsas y bases

Archie Turnbull de la sede en Bruselas de la Alianza Europea de Salud Pública, una red de ONG pública, sugirió al Gobierno húngaro "considerar el uso de otros mecanismos de fijación de precios o subsidios para que las opciones saludables sean más accesibles", como las frutas y las verduras frescas más accesibles. Otras preguntas se han planteado en relación con la eficacia global de la legislación tributaria a las grasas, se debate si el aumento de los impuestos en realidad se puede traducir en una disminución de la obesidad y los costos de salud ya que, según McCooey, "La investigación científica muestra que agregar impuestos no es un instrumento eficaz en el tratamiento de la conducta del consumidor y no tendrá ningún impacto en las tasas de obesidad” ... Informar al consumidor y educación no impuesta, es la manera de avanzar hacia la comprensión de los consumidores de lo que significa tener una alimentación saludable. "A pesar de que la relación entre el precio de un producto y su cocho de que muchos húngaros utilizan la grasa de ganso como base diaria para cocinar – tal como un plato de verduras con vinagre es considerada universalmente como una ensalada. Esto lleva a preguntarse, teniendo en cuenta el entorno socio-cultural único en Hungría, si la política realmente ayuda a los menos educados, a aquellos ciudadanos pobres a tomar mejores decisiones alimenticias y mejorar el estado de salud de las personas que más lo necesitan.

 
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